Keep walking
En un departamento del cuarto piso del bloque S-2 de la ciudadela La Saiba, en el sur de Guayaquil, fue hallado muerto Tito del Salto Delgado. Eran las nueve y cuarenta y cinco de la mañana de un domingo. El cuchillo se había ensañado con su tórax, su rostro y sus manos; dos puñaladas eran visibles en sus dedos anular y medio. El cuerpo estaba tirado en un mueble de la sala. Un amigo, Jorge Battaglia, que ya caminaba con bastón, había llamado a la Policía luego de que no acudiera a una cita pactada en la playa. El teniente de la Policía, Eduardo Argüello, fue el primero el mirar el cadáver. Los cajones de las cómodas y anaqueles estaban desordenados, así como los bolsillos del pantalón. La primera hipótesis del caso derivó en un robo. La noche anterior, Tito del Salto había organizado su última fiesta con boleros, rancheras, pasillos y albazos. Nada extraño entre los vecinos acostumbrados a su bohemia. El fiscal Carlos Pérez Ascencio había declarado que por el estado del cuerpo y...