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Mostrando las entradas etiquetadas como Bogotá

Deuteronomio

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  Deuteronomio. Estas son las palabras. Las palabras precedidas por los Números y es, en consecuencia, el último texto de la Torá; el Pentateuco, Las Cinco Cajas donde se guardan los rollos hebreos, según el cristianismo. Son veinte leyes para la guerra: no temas en la guerra, Dios está aquí. Israel temía al enemigo más poderoso. Israel tiene instrucciones de no temer porque Dios está con ellos. Los hombres están exentos del combate si tienen una casa nueva, un viñedo listo para cosechar o un matrimonio no consumado. Deuteronomio instruyó a Israel a evitar la inmoralidad y el pecado de otras naciones y prohibió cortar árboles que producen alimentos. ¿Cuáles son las otras naciones?, es lo que se preguntaba Juan cuando era niño. Hablaba con expertos en la Biblia y no hallaba respuestas, hasta que un domingo llegó a misa en la iglesia de su barrio, luego de bajar unas gradas rodeadas de paredes blancas, el mercado y el parque donde compraba los periódicos que le pedía su papá. Fue has...

La madrugada

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  Cuando llegó Sabath para devolverle la garantía del arriendo, la suite estaba medianamente arreglada, atiborrada de libros, botellas de vino y periódicos. Ese maldito yo estaba en la mesa de noche. Una relación había llegado a su fin y ya solo quedaba el sexo de reconciliación para volver a irse, a huir. Ahí estaba Corrientes, la calle a la que había aprendido a conocer por Borges; se había sentado en la puerta de la Biblioteca Nacional por la que tantas veces debió haber pasado Borges; recorrió el centro de Buenos Aires en busca de su casa. Nunca preguntó nada, porque no deseaba parecer turista. Conocer los mitos de su existencia era su gran pasión. Ya había conocido el hotel donde Thomas Mann escribió Carlota en Weimar y donde Goethe presidía la mesa en su comedor alejado de la cocina. <<Lees mucho>>, le dijo Sabath, al contemplar las pilas de libros arrumadas en las paredes. <<Algo>>, dijo Juan, todavía de pie mirando Corrientes, con una copa de vino ...

La estación de Bremen

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  <<Dile a Torsten que nos busque en el vagón de primera clase>>, le dijo Maribel a Rocío. Ella era la última de sus hermanas y no podía irse de Alemania, su último viaje, sin verla y sin conocer a Liz, su última sobrina. Su universo estaba lleno de mujeres. Su amiga Nadesha le había hecho caer en cuenta en eso, alguna vez que leyó alguna de sus historias, tan llena de ficción. Esa estaba ahí, en medio de la gente que corría de un lugar a otro; se acercaba la Navidad, la fiesta religiosa prepandemia. Rocío no estaba porque con Liz en el auto habría ocupado todo el espacio. Lo supo minutos después, cuando llegó a su casa y la halló correteando por todos los espacios, con una alegría que le recordaba su niñez. <<No quiero té>>, le dijo a Rocío. La última vez que la había visto fue en su matrimonio en Quito, cuando iba y salía de la casa de Graciela, donde la mantenía con té y con trotes en la mañana por el parque lineal en la preparación para la boda. Despué...

El festín de Beatriz

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  Ya era casi la medianoche cuando llegó a Quito y su primer gran reto fue recordar donde había dejado el auto; tenía apenas quinces minutos para salir del aeropuerto, después de pagar el parqueadero. Y así fue de lugar en lugar aplastando la alarma de desbloqueó a ver si sonaba. Después de diez minutos halló el vehículo y salió. Una leve llovizna caía sobre la ciudad cubierta de neblina; al llegar a la avenida Simón Bolívar por la Ruta Viva en lugar de agarrar el desvío para seguir al norte se metió en el desvió sur rumbo a la nada, a la oscuridad más absoluta por lo espesa de la neblina; debió correr como media hora hasta llegar a un cruce en U y ya al llegar a la entrada al túnel Guayasamín intentó recordar cómo había llegado a ese sitio, a ese lugar donde Ernesto, el protagonista de su primera novela, entraba con el ánimo decaído porque entraba en el laberinto de la perdición y la infidelidad, donde tantas veces le fue infiel a Ariadna, la bella Ariadna. Siempre la imaginó como...

El interludio

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  Las nuevas variantes de coronavirus, más contagiosas que el original de la pandemia, aparecen en distintas partes del mundo.   Los científicos estudian estas mutaciones para entender exactamente qué riesgo suponen. Los reclutadores de empleo usan la inteligencia artificial, pero esta tecnología se ha refinado. La demanda ha aumentado fuertemente desde la pandemia. El 70% de las personas que acuden a los odontólogos asisten con problemas de bruxismo, por el impacto del encierro, el estrés y la ansiedad producto de la pandemia del Covid-19. La música es procesada mediante redes neuronales que implican áreas de procesamiento auditivo y motor. Sobre su escritorio estaba un libro de Michel Foucault que proponía una lectura de Kant. Había llegado la hora de dormir y sus ojos permanecían abiertos como dos platos. Pensó en las promesas incumplidas, en ese cuadro de Borges que nunca llegó a su pared porque Jorge Larco había muerto, en el regalo que no acaba nunca. Detuvo el auto y ...

El tren a Bremen

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  <<Sí, en serio -dijo-. Antes de este viaje nunca pensé que hubiese tantos en el mundo, soldados, me refiero. No te das cuenta hasta que subes a un tren. No paro de preguntarme, ¿de dónde han salido? (…) Él miró por la ventana, en cuyo cristal se espesaba el crepúsculo. Se juntaba aprisa la luz azul y las jorobas de las colinas se mezclaban y devolvían ecos. Desvió la mirada hacia el comedor iluminado>>. El extraño cuento de Truman Capote se le vino a la memoria cuando Maribel le paró en la estación de Frankfurt en seco. <<Aquí Juanito, aquí. Este es el andén. Vas a ver a Liz, es una hermosa la enana, por algo soy su madrina. Ya debería estar aquí, los trenes son súper puntuales. A ver. No, no es aquí; corre que nos deja. Por allá>>. Las luces de neón le recordaron los tiempos en los que fue feliz. Los días de whisky, coca, whisky, pastillas para dormir, coca para despertarse y sexo. Fueron los días en los que debió haberse suicidado como cualquier mortal. ...

Beatriz

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  Juanito, estás aquí, quién diría que nos veríamos acá. Ya acabé mi vida en Brasil. Lo de las tangas creía que era broma, pero si no me dejas ver la foto de para quién es no te puedo ayudar. Yo soy una buena asesora de modas. Pero te traje cachaza. El difunto, caput . Ya te contaré en el viaje a Bremen. Mira, si vamos en primera clase; las ventajas de viajar con Juanito. Yo he sido rica sin tu glamour. He viajado por todo el mundo sin tus lujos. Ya ves, ahora soy la sobrina pobre. ¿Y cuándo viajamos? Sí, la Liz es una preciosa. Y aquí está la estrella de la familia. ¡Kai!, no quiero vino. Mi amorcito no bebe, así que debo irme acostumbrando. Una copita estaría bien. ¿Ya te llevaron al bar mexicano? Los cocteles son buenazos. ¿No te gustó? Sí, ya sé que algo te contó tu hermana. Te lo diré en el camino. Ahora estás en el cuarto donde estaba hospedada. No sea curioso, espero que no hayas visto mis juguetes sexuales. En realidad los estaba coleccionando para enviarlos a Susana. Yo no...

El viaje

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          El sentido es, en primer lugar, el rebote del sonido. Cerró el libro de Jean-Luc Nancy, se levantó de la cama, se sirvió un whisky y fue a la ventana a contemplar la ciudad hecha de pliegues y repliegues. Una ciudad fría a veces que conocía de memoria. No había un solo lugar de Quito donde no se había emborrachado. Ella seguía dormida, desnuda con las sábanas estiradas a sus pies. Esos pies de bailarina que buscaba el equilibrio de su vida, el sentido o el rebote del sonido. El frío de afuera de la ciudad se disimulaba con la calefacción. El cuarto parecía una habitación de Montañita. Las ficciones de las relaciones de pareja. La infidelidad les había unido, sin infidelidad de seguro estarían en el registro de las parejas fieles que se soportan en busca del rebote del sonido. En ese mismo lugar estaba una madrugada cualquiera, cuando despertó, fue a su laptop y se enteró de que Philip Roth había muerto. Las lágrimas comenzaron a rod...

El comienzo de la historia, la Diabla

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Estaba en Guayaquil un domingo por la noche, la brisa era benigna, pero no veía la luz al final del túnel, ni siquiera alcanzaba a ver el túnel y menos sabía si habría algún túnel; era como si estuviera en una carretera plana, yendo a 200 kilómetros por hora en quinta velocidad con un calor insoportable y a punto de dormirme. Había cambiado tantas veces el comienzo de la historia que ya no parecía mi historia, era la historia de otro, de alguien que sigue mirando desde su ventana una piscina vacía y ventanas cerradas con cortinas grises y gruesas y paredes despintadas de edificios derruidos. Alguien que mira esa piscina después de dejar en el mesón de la cocina morrones, portobellos, hierbas, ajos, zuquinis, algún pescado y alguna botella de vino descorchada para que respirara. Ya no deseaba escribir mi historia, pero me hacía falta. Mi terapeuta era mi laptop, me habría gustado decir mi máquina de escribir, cuando creía hacer algo grandioso y único; algo más grande que Crimen y Castig...