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La historia sin fin

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-          ¿Y ahí se acabó la historia de tus hermanas? -          Sí -          ¿Por qué? -          ¿Tú has leído Corazón tan blanco de Javier Marías? La historia comienza con un disparo en el corazón, en el baño. Es la historia de los secretos; de los secretos que se callan en las familias; de los que es prohibido hablar y creo que llegué allá. Le hice una confesión personal a una de mis hermanas y ella me envió un audio de otra de mis hermanas confesando que no me dijo lo que me dijo una noche cualquiera cuando la volví a ver después de muchos años. Si algo he aprendido en la vida es a reconocer un testimonio. Vida de periodista es que le llaman. Por alguna extraña razón también siempre llego a saber cuándo estás mal. Es como un radar que me une con tu estado de ánimo. No voy a revictimizar a nadie. Y eso para mí se ac...

El teatro

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-          Y te vas a suicidar. -          Sí. -          ¿Por qué? -          Ya he hecho todo lo que debía hacer. Esto es lo último que hago, un reconocimiento a las personas que me hicieron lo que soy y no soy. No me interesa la melancólica verdad de Mr. Hutton. El Oso Teddy de Aldous Huxley, el de El mundo feliz . Lo que yo quiero saber, dijo ella al Oso Teddy que añoraba la Toscana, es si esto está bien; si está bien que yo esté aquí contigo y que nos queramos y que me den sacudidas eléctricas cuando me tocas. Y eso fue quedando atrás en la historia de Huxley. Esas cosas extrañas que añora antes de ir a la cárcel por un crimen no cometido. -          Por el que te acusó Gladys. -          No, solo me dijo ladrón. Pero luego hubo muchos ...

La sorpresa y la tusa

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De vuelta a casa, después de vivir como delincuente juvenil algunas semanas y dormir en la calle, intentó rehacer su vida. Patricio, su profesor de ajedrez, intentó aprovechar su habilidad para subir y bajar paredes, una habilidad cultivada en dos años de colegio, en el edificio donde están los novatos que sueñan con llegar al edificio central. Le pidió ayuda para robar una casa, él actuaría como campana mientras Juan entraba a la casa por la ventana. Por alguna extraña razón dijo no, si después de todo ya había participado en asaltos a mano armada con pistolas de juguete. Sus hermanas discutían enviarle a un colegio militar o uno religioso para ver si se arreglaba de una vez por todas. Y volvió a las aulas y comenzó a estudiar. Volvió a su fascinación por la química y la física. Hasta escribió en esa época un tratado sobre el origen del universo con fórmulas matemáticas, dibujos y todo. Era el tratado de Edgar Allan Poe, un borracho al que siempre ha vuelto a leer con la misma admirac...

Los desfiles previos al Carnaval

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Antes de hablarte de Gladys te voy a contar sobre un viaje que hicimos con Graciela y Rocío así sin signos de puntuación sin paradas en el camino de Quito a Guaranda donde vivía una tía llamada Elsa muy dada a empinar el codo a la que Rocío llevó a San Pauli en Hamburgo donde conoció todos los juguetes sexuales habidos y por haber como consoladores bragas de caramelos látigos esposas y hasta vendas. Pues cuando Rocío me contó la historia en un café de Hamburgo imaginé que en la familia había un Marqués de Sade mujer. Me quedé con la boca abierta y en realidad no sé por qué me sorprendí. Rocío se casó con Torsten en Quito. El único matrimonio de la familia al que asistí después del de Susana y del que salí después de un incidente con Gladys. Maribel, mi sobrina, de ella te hablaré más tarde, salió corriendo para intentar detenerme. Creo que nadie se dio cuenta. Graciela estaba más preocupada en cómo fingir su mejor sonrisa ante la esposa de Milton. Las pusieron en la misma mesa. Su gest...

Gladys

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<<Oye dijiste que el capítulo era Graciela, pero más parece Cristina! Ya vas a pasar a Gladys y de mi mami solo has contado que era farrera y hace humitas>>, le escribió Cristina. Y tenía razón. Había olvidado mencionar muchas cosas de Graciela, su gusto por Carmencita Lara, nadie, según ella, podría superar su voz en un karaoke, todas eran cantantes; su odio por las fiestas de Chazojuan porque debía cargar con todos los borrachos de vuelta, su amor por el baile y ese viaje que hicieron con Rocío y ella a Guaranda a visitar a su tía. Cuando Rocío llegó a casarse en Quito. - ¿Por dónde empiezo? - Por el viaje a Guaranda, parece divertido –le dijo Lorena.

Los toros y los osos

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<<Es tu culpa, si hubieras salido rápido podría haber alcanzado al galón de gasolina a menos de dos euros. ¿Sabes qué es eso? ¡A menos de dos euros! Y mira ahora el precio>>, le dijo Cristina mientras manejaba por pueblos fantasmas. Esa no era una preocupación de Beatriz porque el encargado de tener siempre el tanque lleno era Kai, al igual que la tarea de ir al supermercado. Ella era la encargada del té y de dar instrucciones para que que todo se hiciera a su medida. <<Si ella dice que algo no está correcto es así. Ella siempre tiene la razón>>, le dijo Kai en una cafetería de Bavaria donde le sirvieron un postre que no le gustó. Todos los pueblos alrededor de las grandes ciudades alemanas dormían temprano. O se encerraban temprano. En Europa, como en casi todas las partes del mundo, el precio de los combustibles fluctúa según la cotización del precio del petróleo en las Bolsas de Valores de todo el mundo, ya sea el WTI o el Brent. Si algún conflicto en el Orie...

Rödermark y la sidra

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Después de una interminable abstinencia en la casa de Beatriz finalmente halló el caminó a Kaufland. Pronto llegó a conocer de memoria dónde estaba cada cosa: el whisky, el ron, el vino, el vodka, el jagger, el jerez, el baileys, la sidra, las frutas y las hortalizas. Ya no tenía problemas de abastecimiento. Cuando llegó Cristina terminó de tomarse un whisky y salió. Le invitaba a su casa a comer un fondue vegetariano. Fue el fondue más horrible que había comido en su vida, soportable solo con la sidra y el whisky. Volvió a recordar las palabras de Jacinto en la casa de Graciela cuando le dijo a Beatriz que la carne estaba salada, así que guardó un prudente silencio. Entonces comprendió que podía ser políticamente correcto, algo que nunca había sido en su vida. Cristina le mostró cada rincón de la casa, donde dormía Graciela y Wilson cuando llegaban, los espacios de sus vecinos, la proximidad de sus suegros. Ahí probó la sidra del Kaufland. No entendía cómo los alemanes podían pref...