La fenomenología del sexo
A su vuelta de Europa salió a la calle sin desempacar. Después de todo no había nada, sólo un montón de libros. Caminó para reconocer las calles de la ciudad, su arquitectura. Cuando era joven deseaba ser arquitecto; su papá le obligó a estudiar Derecho; aceptó sólo para huir, para escapar de ese silencio que le rodeaba, de las medias palabras, de las mentiras, de las bromas, del escarnio por haber descubierto que era eyaculador precoz. Nunca ejerció. No quería ser abogado, lo supo cuando publicó su primer cuento y recibió un elogió general en el pequeño mundillo literario de la ciudad. Eso er intrascendente, tuvo que ganar un premio con una novela corta para darse el lujo de vivir como escritor; es decir, como burócrata; le dieron un puesto administrativo en la Casa de la Cultura. Con ese sueldo y esporádicos ingresos extra podía vivir sin apuros. Marcelo llegó a un bar en La Mariscal donde tenía un amigo barman, otro de sus sueños de juventud. De adolescente siempre soñó con trabaj...