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El festín de Beatriz

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  Ya era casi la medianoche cuando llegó a Quito y su primer gran reto fue recordar donde había dejado el auto; tenía apenas quinces minutos para salir del aeropuerto, después de pagar el parqueadero. Y así fue de lugar en lugar aplastando la alarma de desbloqueó a ver si sonaba. Después de diez minutos halló el vehículo y salió. Una leve llovizna caía sobre la ciudad cubierta de neblina; al llegar a la avenida Simón Bolívar por la Ruta Viva en lugar de agarrar el desvío para seguir al norte se metió en el desvió sur rumbo a la nada, a la oscuridad más absoluta por lo espesa de la neblina; debió correr como media hora hasta llegar a un cruce en U y ya al llegar a la entrada al túnel Guayasamín intentó recordar cómo había llegado a ese sitio, a ese lugar donde Ernesto, el protagonista de su primera novela, entraba con el ánimo decaído porque entraba en el laberinto de la perdición y la infidelidad, donde tantas veces le fue infiel a Ariadna, la bella Ariadna. Siempre la imaginó como...

érase una vez que era

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  Había una vez es el primer recuerdo de mi infancia sonámbula enfundado en un abrigo tan azul como el cielo de la madrugada que lleva de Echeandía a Quito y cubre un paisaje de platanales llenos de racimos cubiertos con bolsas plásticas como si fueran condones que descubriría con el pasar de los años y me evitaría la tediosa tarea de ser padre de familia que corre de un lado al otro en busca del dinero para el arriendo y la leche y el pan y el café mientras canto con un cuenco en manos ese famoso Introibo ad altare Dei que siempre me acompañaría en mi adolescencia cuando ya había dejado de jugar con Beatriz y Rocío mientras Malena Graciela Gladys jugaban a ser adultas y cuidaban la suerte de Milton y Jacinto los hombres probos de una familia hecha de paredes de adobe como el nombre de ese programa que comencé a usar con frecuencia cuando decidí escribir la historia de mis hermanas o tal vez antes cuando pretendí ser actor con el método de Lee Strasberg y en cierta forma lo fui por...

Entre Ambato y Hamburgo

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  <<Ve, denuesta, la fidelidad, el arrepentimiento llegará después. Los versos son atribuidos a Goethe>>, dijo Juan. Ella estaba en la hamaca, desnuda, con un Baileys en la mano. <<A veces pienso que caminas más rauda que el remordimiento en busca del pecador>>, dijo Juan, mientras miraba por la ventana el rosal con el rocío que quedaba de la tormenta, las gotas a punto de caer para desatar otra tormenta. <<No seas estúpido>>, le dijo ella. Esa era su palabra favorita. Su mundo se reducía a la estupidez de la gente que la rodeaba, sus pretendientes, como en la historia de Penélope, la mujer que deshojaba las horas en Itaca esperando al casto Ulises, de quien se burló Joyce. La historia de la infidelidad, la historia del hombre fiel por excelencia, atado a un mástil para evitar las tentaciones, y la de la mujer abnegada. <<Por eso no me gustan las telenovelas de tu país, porque la mujer siempre es la persona fiel cuyo trofeo final es alguien...

El asesinato del loro

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  El nepente es una planta trepadora de hojas muy carnosas de flores pequeñas, agrupadas en inflorescencias terminales; contienen un líquido azucarado, provisto de enzimas digestivos; es una bebida que los dioses usaban para curarse las heridas y los dolores porque producía olvido. Los recuerdos eran intrascendentes, la característica de los dioses. El olvido. <<Cuando dios por fin se arrepintió –demasiado tarde- de haber creado el género humano y, asustado por los efectos de su frivolidad, decidió ahogar las malogradas efigies hechas a su imagen y semejanza, consideró, como es sabido, que Noé era el único personaje digno de ser salvado>>. Leszek Kołakowski pensó que Dios había cometido una imprudencia y una injusticia con esa decisión, porque bien sabía que si una pareja sobrevivía sobre la Tierra podría cometer los mismos errores y una injusticia porque ¿qué culpa tienen los pobres animalitos para juzgarlos con la misma vara y echarlos al olvido y a las aguas? Juan ...

El interludio

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  Las nuevas variantes de coronavirus, más contagiosas que el original de la pandemia, aparecen en distintas partes del mundo.   Los científicos estudian estas mutaciones para entender exactamente qué riesgo suponen. Los reclutadores de empleo usan la inteligencia artificial, pero esta tecnología se ha refinado. La demanda ha aumentado fuertemente desde la pandemia. El 70% de las personas que acuden a los odontólogos asisten con problemas de bruxismo, por el impacto del encierro, el estrés y la ansiedad producto de la pandemia del Covid-19. La música es procesada mediante redes neuronales que implican áreas de procesamiento auditivo y motor. Sobre su escritorio estaba un libro de Michel Foucault que proponía una lectura de Kant. Había llegado la hora de dormir y sus ojos permanecían abiertos como dos platos. Pensó en las promesas incumplidas, en ese cuadro de Borges que nunca llegó a su pared porque Jorge Larco había muerto, en el regalo que no acaba nunca. Detuvo el auto y ...

Los rieles del tren

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  Cuando abrió los ojos, Liz correteaba por el cuarto para avisarle que ya estaba despierta. Ya había amanecido y el desayuno estaba listo. Juan siempre había desayunado un café y un jugo de naranja. El olor de la naranja cuando es abierta en las mañanas; el olor cítrico le despertaba emociones difíciles de describir, todas relacionadas con su niñez, con ese riachuelo donde una pangora jugaba a aparecer y desaparecer. La naranja siempre sería parte de su vida. La naranja de Echeandía, de esa casa de madera que crujía al subir los escalones, de esa cocina de leña con un largo mesón donde toda su familia creció. Desde la finca había un estrecho camino por el que se bajaba al río, unas aguas agrestes. Desde ahí comenzó a contemplar el amanecer, el correr sin sentido de las aguas en un solo sentido. Heráclito había comprendido el secreto de la vida, de pie en medio de un río. Su mamá despertaba muy temprano para ordeñar la leche del desayuno y los quesos hechos con la nata. Los desay...

La estación de tren de Hamburgo

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  <<¿Y por qué Juan? Ya prometí que este año no sería pendeja, voy a ser otra. ¿Qué hora es? Es tardísimo. Mi mama no me deja llegar más allá de las diez de la noche. Sí ya sé tengo veintisiete años. Eso no quita que debo ser responsable. Mi primer ex era bastante tóxico. Una vez nos íbamos a ver para ir a su casa. Yo me puse linda. Me duché Juan. Me duché. Me puse un vestido lindo. Yo en ese tiempo ya era modelo y algunos comerciales me dejaban platica. Y al desgraciado le tenía que pagar hasta el pasaje del bus. Bueno, ese día me vi frente al espejo con ese vestido acampanadito y me dije estás linda. Eres preciosa. Pero no tenía para el taxi, él vivía al otro extremo de la ciudad, en Carapungo Juan. ¿Se imagina lo que es el viaje de irse de Sangolquí a Carapungo? Fue más fácil el viaje que hicimos a Montañita cuando le sacaron cien dólares porque yo estaba manejando y no tenía licencia y usted pensando en pendejadas como que no tenía espejo retrovisor. Ese viaje a Montañita...