El festín de Beatriz
Ya era casi la medianoche cuando llegó a Quito y su primer gran reto fue recordar donde había dejado el auto; tenía apenas quinces minutos para salir del aeropuerto, después de pagar el parqueadero. Y así fue de lugar en lugar aplastando la alarma de desbloqueó a ver si sonaba. Después de diez minutos halló el vehículo y salió. Una leve llovizna caía sobre la ciudad cubierta de neblina; al llegar a la avenida Simón Bolívar por la Ruta Viva en lugar de agarrar el desvío para seguir al norte se metió en el desvió sur rumbo a la nada, a la oscuridad más absoluta por lo espesa de la neblina; debió correr como media hora hasta llegar a un cruce en U y ya al llegar a la entrada al túnel Guayasamín intentó recordar cómo había llegado a ese sitio, a ese lugar donde Ernesto, el protagonista de su primera novela, entraba con el ánimo decaído porque entraba en el laberinto de la perdición y la infidelidad, donde tantas veces le fue infiel a Ariadna, la bella Ariadna. Siempre la imaginó como...